07 diciembre, 2005

Desenvainando

Interrumpo tu pensamiento, tu maldita quietud estática. Saco a relucir mis armas de seducción. Es fácil aunque esten oxidadas. Es fácil, aunque haya olvidado el arte de blandir la espada y mas que soldado romano parezca un mendigo que por casualidad entre la basura haya encontrado este filo. Este filo todavía corta. Desesperado corta, quiere cortar. Quiere ver el rojo sangre.
Hay que despertar este, mi corazón, del ensueño, despertarlo con adrenalina. Hay que rogar que aún haya adrenalina después de haber quedado agotado de peleas imberbes, de puñetazos a la nada.
Mientras tanto la muerte ronda que te ronda invisible y le grito: ¡Muerte acercate! Porque quiero un desafío y no este hastío. Este hastío sin nubes, sin tormenta y bajas probabilidades de lluvia.
Quiero que llueva, que llueva de una buena vez por todas, que la lluvia una a todos en una sola mojazón. Quiero verla salir de entre la niebla y la lluvia escribiendo poemas a cada paso, en cada herida y en cada noche, pero por Dios que esta prometo que no será triste. Porque tendré tus labios pintados de rojo que me besaran hasta el hartazgo. Si es posible el hartazgo con tus besos, madama.

1 comentario:

circes dijo...

wow. ESto se pone bueno.
Asi que Mr. Deseo también es un guerrero, con espadas recargables...Pero la muerte no porta armas visibles, el filo de sus besos desangra, la suavidad de sus caricias tritura, el calor de sus suspiros quema la sangre. Yo no llamaría a la Madame, podría estar ahi detrás suyo, mientras está escribiendo estas líneas...y breve contacto con sus dedos, podría desgranar su corazón.