10 mayo, 2006

Crímenes imperceptibles

Hace poco un amigo mío me preguntó si cometería cierta fechoría y dije que podría llegar a ser, que ahora ni se me ocurría pero las circunstancias de la vida podrían llevarme a eso. Recordar esta conversación me llevó a la siguiente reflexión: ¿Cúal es el peor de los crímenes? El asesinato ¿no es cierto? (la violación es un crimen aberrante, pero al menos la víctima permanece viva y quizás con tratamiento psicológico se pueda recomponer del trauma). Bueno, suponiendo que estemos de acuerdo que el homicidio es el crimen más grave yo les pregunto a ustedes ¿nunca asesinarían a nadie? Por supuesto la respuesta natural de todos uds. será no (al menos tenga algún psicopata entre la audencia). Pero en realidad no se trata de psicopatas, se trata de ver que pasa si es que nos enfrentaramos a la posibilidad real de asesinar a alguien que nos repugna (por no decir, que "odiamos") alguien como por ejemplo Videla, Bush (para muchos detestable salvo para los cada vez menos conservadores pro-norteamericanos), Bin Laden, Massera, etc. (¿de pronto este blog o este post se volvio político?). Y tuvieramos la oportunidad de hacerlo sin testigos, sin pruebas que nos incrimen, e inclusive, si gustan, de una forma no violenta; de tal forma que nunca se probaría que fuimos nosotros....Entonces ¿no cambiaría su idea? No hay alguno que piense: "y... en esas circunstancias.... en fin... ". Pólemico dilema, ¿no? Quizás tendríamos que pensar un cambio en el concepto de "crímen" para solo los que no haríamos ni que estuviera asegurado nuestra coartada....

PD: Aprovecho a recomendar el libro de título homónimo al del post, novela del escritor argentino Guillermo Martínez. ¡Muy bueno!

5 comentarios:

circes dijo...

Creo que nadie puede huir del instinto y del deseo o pulsión de muerte. Nadie escapa al deseo de eliminar alguna vez algo, aunque fuere una mosca. Hay cierta fruición en la eliminación de las moscas, de una rata, en el exterminio con gas a los mosquitos y todo bicho volador con fascinación por la carne humana. Pero matar a un semejante, conlleva otros peligros, el primero de todos es que nos agrade tanto que queramos repetir el hecho. Por suerte los mecanismos represores que sostienen nuestra mente, colaboran para que uno no termine tras una reja. Con respecto a Bush y a Bin laden, se diferencian del resto porque han construido todo un discurso sobre 'el otro' de tal forma, que por ello llegan a recrear los argumentos más ilógicos para deshacerse de quien les resulta molesto.
Por mi parte, solo la locura te salva de la culpa que podría sobrevenir despues de haber consumado el hecho. Conclusión aun no puedo ser asesina, a lo sumo, por el momento he matado el tiempo y en este instante acabo de matar al lenguaje....

Analía dijo...

No, la verdad, que así planteado, aunque no queden rastros exteriores, igual no me dan ganas. La pucha si no te parece que pueden quedar rastros dentro de uno despuès de un hecho semejante! Esos son los más graves.
No me gusta representarme estas cosas ni en el plano de las hipótesis.
Chau, chau.

Don físico dijo...

Sibila, espero que no te despedidas del blog, tan solo del post

Ary dijo...

Sí, hay un caso en el cual cometería asesinato pero no con alguien que odio, sino con alquien que quiero mucho. Para evitarle el sufrimiento.

Paxzu dijo...

DonFísico, yo creo que la especie humana ha buscado por todos los medios domesticar su instinto, lo ha logrado, pero ha reprimido sus impulsos asesinos.
bien a lo que voy es a que a todos una vez al día le dan ganas profundas de matar, el asunto es que medio macrosegundo después se arrepienten.

El libro, es excelente!

beso