11 febrero, 2009

"Piezas de telarañas" - Capítulo 1

Fue entonces cuando conocí a Ceci, pero no, si ya la conocía antes. Ceci era extraña, cuando venía primero saludaba a todos los otros pacientes y recién después a mí. Se podría decir que finalmente se sentaba conmigo como con resignación, que para ella si yo no estuviese y se pudiera sentar con los demás locos se hubiese sentido re feliz entre ellos, manteniendo discusiones filosóficas como si tiene sentido ser feliz (gran contradicción, ya que ella lo estaría siendo). Ceci, venia todos los días o lo que le daba el cuero. Traía al loquero cosas extravagantes como tarta de frambuesa y hasta se animaba a reciclar una caja de jugo Cepita para traerme un poco de cerveza Guinness. Sí, solamente le faltaba el prendedor del trébol, la falda escocesa y estaría completo el cuadro celta, salvo por el detalle que ella era en realidad descendiente de portugueses y que no sabía ni podía pronunciar “Draid Gog” ("Dragón Rojo" en idioma galés) a la perfección como yo lo hacía.
Porque tenía que aguantarme esta pesada, ni yo lo sabía. Solo era parte de la rutina. Siempre fui amante de las cosas estructuradas, aunque nunca me imaginé que alguna vez unas circunstancias me llevaran a odiarlas. Viene acá, voy a tener que contarle del negro que el otro día se fue, y se fue de verdad, Sra., créame, esta vez no estoy delirando. Creo que ese es mi problema, nunca estoy delirando, nunca ni me atreví a delirar ni un poquito.
.....
-Se suicidó-sentencié.
-¿Cómo?-me dijo mirándome extrañada Cecilia.
-Que se suicidó.
-Pero...
- Te digo que se suicidó, como nos suicidamos todos los viejos de 80 y pico de años. Y no te digo que se metió una bala al cerebro, a nosotros no nos da el cuero para una Colt o para una Smith-Wesson y ni nos interesa. Tampoco con pastillitas, si vivimos en base a ellas, es gracioso, con sus colores podríamos pintarnos la cara de payasos, algo patético. Ya no hay veneno que nos haga efecto, hasta ese punto hemos trasvasado los límites de lo normal. Te digo que se suicidó como nos suicidamos todos los viejos, se dejo ir. Creo que al fin al cabo eso es lo que hacemos todos, nos dejamos ir.
Cecilia me miró sin decir nada
- Porque si pensas, es re loco te digo en serio, vivir una vida de 80 años. Pensá en Alejandro Magno, ejemplo típico, o Jesús que se murió a los 33 crucificado, pero todos sabemos que mucho más no podría haber aguantado, si no se moría crucificado por revoltoso, entonces seguro se moría ahí nomás de alguna infección boluda, o de sífilis contagiada por María Magdalena; porque a Jesús, ojo que le gustaba la fiesta, si así lo dice la misma biblia.
-Y eso que tiene que ver, eran otras épocas….
Épocas más naturales, vivir 80 es en contra de la naturaleza y el precio que pagamos es
este. Ojo, no te digo que no esta bueno, está interesante, de un punto de vista egoísta, se
pueden ver más cosas y se pueden planear más cosas que antes no.
-¿Qué? ¿Vos querés volver a esas épocas?
-No, lo que yo te digo es que la sociedad te empuja a vivir esta cantidad de años, más allá de la medicina chota, ahora no se pueden las cosas rápidas ni aún siendo un genio, ahora tenés que atravesar todas las etapas y cuando te querés dar cuenta recién a los 20 y pico estás ejerciendo tu profesión (si tenés suerte en este país de mierda) y de hay en adelante tenés que luchar bravo para afianzar tu lugarcito, hacerte conocido en tu oficio, y si lo tuyo es ciencia, arte o espectáculo, agarrate bien de la paciencia porque tenés para rato antes de ser verdaderamente “grande” si es que no permaneces toda la vida como un don nadie. A todo esto ya le tomaste el gustito y querés quedarte ahí e igual sabes que te faltan añazos para jubilarte y por supuesto retrasas esa instancia, no solo para no quedarte sin trabajo y por la próxima etapa que ya sabes como se viene, sino también por el maldito sueldo. En fin, se te pasan delante de los ojos así 50 o 60 años fácil. Los hijos te entretienen en el medio, te hacen olvidar y recordar del paso del tiempo. Siempre hay algo con que entretenerse, hasta que un día no lo hay más. Ser jubilado, con nietos más grande que 18 años es re choto, ya no hay nada. Ni los libros, ni nada, es pasar el tiempo, es esperar pelotudamente que vengan a buscarte cuando en realidad…
- ¿Cuándo en realidad que?
-Cuando en realidad es uno que tiene que decidir cuando se quiere ir para el otro mundo, Dios solamente te empuja, te hace dar cuenta que ya no da para más…

6 comentarios:

GABU dijo...

=(

Me desplomo de la tristura...
Si uno pudiera decidir cuàndo irse de paseo con ese Dios que determina llevarnos a veces de manera tan prematura...

P.D.:Mencantò!! Lo triste no le quita lo intenso...

Y tambièn me gustò muy mucho su MANDALA ATÒMICO!! ;)

BESITOS REALES

Don físico dijo...

Gabu: en realidad a veces creo que lo que dice el personaje es que uno decide cuando irse pero porque Dios empuja con bastante fuerza y convicción, vió? Bueno, pero los personajes literarios tienen vida (y muerte) propia, así quizás quiere decir otra cosa.
Besos

Patto dijo...

Es creíble
es triste
es patético
y también
es lo que no queremos ver
80?
Nosotros -bah, los de nuestra generación que puedan darse el lujo de pagar una obra social- llegarán a los cien...

¿Llegaremos así?
¿No se puede ser viejo y feliz?
¿La amargura será algo inexorable?

Don físico dijo...

Patto: ¿Viejo y feliz? Solo si se termina la exclusión que se hace a los de mayor edad. Hemos perdido la costumbre de venerar a los ancianos como fuente de sabíduría y experiencia y ahora los abandonamos.
Vease sino como tan bien refleja esa situación muchos capítulos de Los Simpsons.

Lucy in the Sky dijo...

mmm me niego a pensar que si llego a los 80 no va a haber libros, ni películas, ni paisajes, ni música. Me niego.

Don físico dijo...

Lucy: Que haya no significa que se puedan disfrutar. Suponiendo que uno tiene la salud para disfrutarlos también tiene que haber una mano amiga que nos preste, regale y mejor aún que comparta esos libros, películas y etc. ¿Habrá?