30 abril, 2009

"Piezas de telarañas" - Capítulo 9

Se produjo un silencio espectral, si esa es la palabra justa espectral, que más adecuado para este cuadro de dos viejos sentados alrededor de una mesa de plástico en una heladería. Si parecíamos momias o muñecos puestos para atracción del público, si es que alguien se puede entretener con nuestras figuras. La miro y tengo un deja vu, me hace acordar a la misma escena 50 años atrás, cuando estábamos sentados en un lugar parecido con su mamá y tomando helado en un día de invierno espectacular, un día que parecía tomado de otoño o de primavera. Ella ahora está casi igual que su madre y eso me horroriza, porque entonces falta el 3er protagonista, la Cecilia joven que siempre tendré en la cabeza. Ese fue un momento de felicidad perfecta, si yo me di cuenta, pero no podía hacer nada, no podía atrasar la ingesta de helado, ni hacer la conversación más larga. Al fin al cabo todo tenía que pasar como pasó y yo también me tenía que volver a La Plata, no se para qué si María no estaba allá, para nada, para estar solo como masoquista. Lo único que sirvió irme temprano es encontrar esa profesora de danzas africanas en el tren y que me contara sus anécdotas de su viaje a China donde conoció personajes tan pintorescos como ricos, desde el dueño de Wallmart al diseñador industrial de Motorola. Yo no me dí cuenta que eso era felicidad, y que no tenía que esperar al futuro, esperar al viaje a Europa prometido o a la cama doble con María a mi lado. Cada momento era felicidad pura y yo me angustiaba por cosas estúpidas. En fin, lo que le pasa a todo el mundo, las semanas se pasaban como minutos y uno solamente se atiene a vivirlas como venga la mano….
Interrumpiendo este silencio y la mirada perdidas de esos bellísimos ojos verdes de Ceci dije:
-Odio los funerales y los velatorios, lo bueno es que no voy a tener que asistir al próximo.
-Déjate de joder.
-Pero es verdad, el próximo es el mío, yo seré el gran protagonista, por supuesto, no podré disfrutarlo. Estaría bueno eso, si lo habrán pensado muchos, poder ver (desde el ataúd o desde donde sea) tu propio velatorio. Ver quien te llora y como, quien viene o quien no. Hasta estaría bueno ser uno de los asistentes, para hinchar las pelotas, tratar de provocar que alguno que no lloro llore, o que un llorón llore más.
-Eso es egoísmo puro.
-Eso ya lo oí antes.
-A ver… ¿Qué otra boludez quisieras hacer?
-Y…ponerse borracho y cantar, hablarte a vos mismo, tirado ahí en el ataúd. Decirte: “hola negro, yo te conozco mascarita” y confesar tus propios crímenes y pecados ante la audiencia atónita, desconcertada. Para ver quien te defiende, para ver quien te perdona a pesar de estar afectado. Porque quizás alguno igual no te perdone, aunque sea una tontería y no se pueda hacer nada obviamente para reparar lo hecho aunque estuviese vivo. Ver en esas personas lo inútil de su enojo, lo estúpido que puede ser un ser humano que no capta lo irreversible y lo sutil. Ver en cambio al amigo, los amigos, que casi se contienen la sonrisa, tan solo por la ocasión, y piensan por dentro “que guacho este”. Entonces llevarlos aparte para reírse juntos, junto de uno mismo tirado ahí en el ataúd.
-¿Y de que te serviría todo eso?
-Para nada, por joder, para hacer una última broma, por disfrutar un último momento y reírte de vos mismo. También para auto-juzgarte por la actitud de la gente.
-O sea al pedo.
-Todas las cosas son al pedo si pensas en la finitud de la vida, más comparada con los tiempos cósmicos. O sea no somos nada, quizás vivamos cien millones más veces que lo que tarda un muón en desintegrarse, pero respecto a la vida de los planetas y las estrellas, nada. Eso es lo que más me angustia.
-Deberías tomar que nuestro tiempo es el tiempo justo. Más sería excesivo, menos, bueno ocurre en ciertos casos, pero corta el destino de la persona. Aunque, pensándolo de la manera zen, si se fue antes es porque también era su destino y no.
-Siempre con lo zen vos, me tienen podridas esas contradicciones, cuando este en el cielo o probablemente en el infierno y vea al chino que invento al zen lo voy a cagar a patadas a ese pelotudo.
-El zen sin embargo es la idea más aproximada de la realidad, a vos que te gusta la ciencia, las contradicciones como ves, dominan la naturaleza.
-Sí, sí, claro.
Cecilia se río, evidentemente, aún para mi mismo, había pisado el palito. Le había respondido afirmándole cuando en realidad mi intención era negarla, lo que se llama ironía, ironía es que mi respuesta tuviese forma zen.
-El mundo es irónico-queriendo zafar o salvar el asunto.
-Eso no quita lo bailado.
-Ese es el punto, Ceci, cuanto uno tiene que preocuparse por las acciones que hace o deja de hacer, yendo al grano, que importan las decisiones morales, más las que uno sabe que si hace lo “incorrecto” no hay posibilidad de ser descubierto. Ahora de viejo me doy cuenta de que, asquerosamente y de alguna manera, termino compartiendo la filosofía de los políticos corruptos de “viva la pepa”. Total quien nos condena, y aunque nos condenasen, quien nos quita lo bailado. O sea, me querés decir para que mierda somos buenos, para que nos preocupamos tanto de que “no, que esa cosa no se hace”, etc.
-Para equilibrar el universo.
-Vos siempre me salís con esas cosas de la armonía del universo. Creo que nos deberíamos cagar en la armonía del universo o lo que sea. Así como no hay castigo real a los malos, no hay medalla para nosotros, no tenemos nada, no nos dan nada, y no me vengas con eso de la conciencia tranquila, la conciencia, todo se borra, miles de recuerdos se borran, el conocimiento adquirido se borra, todo inútil, inútil.
-Que hermoso pesimismo dark, te convertiste en el mejor discípulo de Sábato, finalmente, nunca lo hubiese creído. Eso que yo nunca fui muy “light”, yo hasta parecía discípula de Schopenhauer, siempre te aburrí con charlas de que el sistema político-social en el que vivimos es una mierda y que no hay escapatoria. Esto es comparable a criticar una ensalada, yo digo que no esta bien condimentada y que no hay forma de hacerlo bien y vos decís directamente que los elementos son una mierda, que la existencia de la ensalada no tiene sentido aunque te la estés comiendo con el churrasco.
-Pero que es así, decime, vos tenés la misma edad que yo, que sentido le encontraste la vida, ¿cuál es el sentido de la vida?
-Que existe.
-Entonces todo se reduce a la mera existencialidad, pero eso es ridículo, también existe la muerte, la mierda, las moscas, los gusanos, los pantanos, etc. Sin embargo convengamos que sería mejor que no existiera o que al menos fuera de otra manera.
-Todo cumple su función exacta.
-Jajá jajá, siempre me sorprendes, ahora resulta que la naturaleza es sabia, que sabe lo que hace. Millones de años de evolución y progreso para que nazca una raza deforme como nosotros, que no sabemos ni ponernos los pantalones solos.
-Vos decís todo esto porque el final está cerca y estás arrepentido de lo que no hiciste.
Me quedé callado, ni “touché” alcancé a pronunciar.

2 comentarios:

Patto dijo...

Esto me hace pensar que las decisiones hay que tomarlas pensando que somos aquel viejo, pre-muerto, sentado al borde del ataúd.

Don físico dijo...

Buena filosofía/estrategia de vida. De hecho muchos escritores/filosofos/gurues "místicos" (y no tanto) lo recomiendan. Entre ellos Castaneda que mediante su personaje Don Juan Matus repite "la muerte esta a nuestra izquierda siempre rondeandonos" y recomienda "tomar la muerte como nuestra consejera".