29 mayo, 2009

"Piezas de telerañas" - Capítulo 12

Y como no sé escribir voy a imitar a otro, voy a imitar a Soriano, voy a plagiar a Borges, voy a copiar a Bukosky, voy a imitarte a vos, si a vos, discúlpame por segunda vez. Pero soy pobre de palabras y estilos, soy pobre de alma y de bolsillo. Se me acaban los latidos, se me acaban los segundos y las cantidades de veces que podré tipear este teclado, y tengo que expresarme tengo que contar la verdad, entonces…
Esta bien, admitamos lo que se debe admitir y seamos sinceros: a Andrea la dejé en banda justo cuando ella pensaba que estaba embarazada. A Ana le hinchaba las pelotas cuando sabía que no gustaba de mí, de pura venganza, de puro joder. A María le fui un pésimo compañero. Y con todo eso: ¿que? ¿Acaso no fueron felices conmigo mientras tuvieron mi compañía? ¿Acaso yo arruiné verdaderamente sus vida? Vamos, déjate de joder, diablo hay uno solo y yo ni me arrimo a las plantas de sus pies. Nadie se atrevería a condenarme. ¿Qué podría haber sido mejor persona?, sí, pero también podría haber sido peor. Al fin al cabo si fui así habré tenidos mis motivos. El miedo es poderoso. Parafraseando a Alan: “que inútil es la idea de arrepentimiento…”, discúlpame Alan, te la termino de otra manera: “…si al fin al cabo el pasado es irreversible y en el futuro todo se borra en la inmensa entropía del universo”.

20 mayo, 2009

"Piezas de telarañas" - Capítulo 11

-Pero vos solamente contás pálidas-dijo Ceci sosteniendo las hojas anteriores.
-Mirá quien se queja. “El sistema es una mierda, el sistema es una mierda”. Lo mejor que podrías hacer es admitir que el alumno ha superado al maestro.
-Todavía no.
Es cierto, todavía me faltaba recorrer un largo camino y no sé si estaba dispuesto a hacerlo. Pero me había desafiado y para mí no hay nada peor que los desafíos.
-Vos no me hables Ceci, vos me traicionaste Ceci, vos me enseñaste a ser dark y después me abandonaste en el camino.
-¿Y eso no es dark también?
Touché.
….

15 mayo, 2009

"Piezas de telerañas" - Capítulo 10

Era enero y realmente había mucho calor. Iba hasta la casa de Andrea en elegante sport: chomba de rugby de irlanda verde fuerte, bermudas y zapatos náuticos. Caminaba con orgullo de mi aspecto y del cabello rubio recién cortado. Miraba al tráfico e indiferente de las bocinas, crucé apurado, descuidando mi compostura de autentico caballero inglés. Tenía la mente casi en blanco pero con tono feliz. Llegué finalmente al edificio, al portero contesté “Yo, Damián”. Ella bajó, era necesario, y me preparé sicológicamente. Se la podía ver a través del vidrio del costado de la puerta y estaba hermosa. Abrió la puerta y avancé hacia delante para besarla, pero fui rechazado por un obvio virar de su cara. Primer paso en falso.
-¿Qué pasa?
-Ahora hablamos, subí.
Resignado, la dejé pasar adelante y subí serio, una, dos, tres escaleras hasta llegar a su piso.
-Pasá
Entré obediente. Adentro como siempre, el escritorio, su computadora, la mesa blanca, los banquitos, el sillón de mimbre tejido, las plantas amenazantes. Elegí el sillón, y ella se sentó en el banquito de enfrente. Que blancas me parecían las paredes ahora, blanco agresivo.
-¿Por qué no me quisiste besar?
-Damián, tenemos que hablar de lo nuestro
-¿De qué precisamente?
-¿Como de qué? De nuestra relación obvio.
-¿Qué es lo que pasa?
-Ya no me banco más esto, eso es lo que pasa. Ya no te amo más.
El cuchillo había penetrado hondo, solo restaba desangrarse.
-¿Por qué?
-Desde aquella vez, cambió todo, yo nunca te perdoné del todo.
-¿Y por qué aceptaste seguir conmigo entonces?
- Porque me conmoviste cuando fuiste a la casa de mi amiga a buscarme y dijiste que estabas yendo al psicólogo.
-Pero el psicólogo lo necesitabas vos.
-Exacto.
Le agarraré sus manos a través de la mesa blanca, la camisa blanca, la pared blanca.
-Yo te quiero mucho, pero no te amo.
-Yo sí te amo.
-Ya sé, bebé.
- ¿Entonces?
- Entonces nada, nos separamos, y esta vez no me llames como siempre.
Sabía que tenía que levantarme e irse, pero estaba atornillado al incomodo sillón de mimbre.
-No, no puede ser.
-…
Me levanté, afuera hacia frío y estaba oscuro.
-Nos vemos la semana que viene.

Cuando le conté esta anécdota a Alan se cagó de risa.
-De que te reís, pelotudo-le dije.
Se ve que hay personas con sensibilidad nula o muy reducida.