15 mayo, 2009

"Piezas de telerañas" - Capítulo 10

Era enero y realmente había mucho calor. Iba hasta la casa de Andrea en elegante sport: chomba de rugby de irlanda verde fuerte, bermudas y zapatos náuticos. Caminaba con orgullo de mi aspecto y del cabello rubio recién cortado. Miraba al tráfico e indiferente de las bocinas, crucé apurado, descuidando mi compostura de autentico caballero inglés. Tenía la mente casi en blanco pero con tono feliz. Llegué finalmente al edificio, al portero contesté “Yo, Damián”. Ella bajó, era necesario, y me preparé sicológicamente. Se la podía ver a través del vidrio del costado de la puerta y estaba hermosa. Abrió la puerta y avancé hacia delante para besarla, pero fui rechazado por un obvio virar de su cara. Primer paso en falso.
-¿Qué pasa?
-Ahora hablamos, subí.
Resignado, la dejé pasar adelante y subí serio, una, dos, tres escaleras hasta llegar a su piso.
-Pasá
Entré obediente. Adentro como siempre, el escritorio, su computadora, la mesa blanca, los banquitos, el sillón de mimbre tejido, las plantas amenazantes. Elegí el sillón, y ella se sentó en el banquito de enfrente. Que blancas me parecían las paredes ahora, blanco agresivo.
-¿Por qué no me quisiste besar?
-Damián, tenemos que hablar de lo nuestro
-¿De qué precisamente?
-¿Como de qué? De nuestra relación obvio.
-¿Qué es lo que pasa?
-Ya no me banco más esto, eso es lo que pasa. Ya no te amo más.
El cuchillo había penetrado hondo, solo restaba desangrarse.
-¿Por qué?
-Desde aquella vez, cambió todo, yo nunca te perdoné del todo.
-¿Y por qué aceptaste seguir conmigo entonces?
- Porque me conmoviste cuando fuiste a la casa de mi amiga a buscarme y dijiste que estabas yendo al psicólogo.
-Pero el psicólogo lo necesitabas vos.
-Exacto.
Le agarraré sus manos a través de la mesa blanca, la camisa blanca, la pared blanca.
-Yo te quiero mucho, pero no te amo.
-Yo sí te amo.
-Ya sé, bebé.
- ¿Entonces?
- Entonces nada, nos separamos, y esta vez no me llames como siempre.
Sabía que tenía que levantarme e irse, pero estaba atornillado al incomodo sillón de mimbre.
-No, no puede ser.
-…
Me levanté, afuera hacia frío y estaba oscuro.
-Nos vemos la semana que viene.

Cuando le conté esta anécdota a Alan se cagó de risa.
-De que te reís, pelotudo-le dije.
Se ve que hay personas con sensibilidad nula o muy reducida.

2 comentarios:

Patto dijo...

Se ve que eso no cicatrizó nunca, y no es para menos.

Don físico dijo...

Hay cosas que no cicatrizan, y personas con sensibilidad nula o muy reducida...