30 junio, 2009

Un viejo chivo o un chivo viejo, o el chivo de mi viejo (mejor me callo)

Bueno, el título no quedó muy feliz (jajaja), quizás se explique con lo siguiente: lo que pasa es que este post se trata de hacer una propaganda ("chivo" en lenguaje criollo) de una novela de mi padre ("viejo" en lenguaje criollo). Mi papá (aquí lease el tono cariñoso) que es escritor, ha decidido embarcarse en publicar una de sus novelas en capítulos en un blog, así que les paso el link para que se vayan entusiasmando y lo lean:
"Visiones en la Torre"
http://visionesenlatorre.blogspot.com

(Cliquee en el link o copie y pegue la dirección URL en su browser)

23 junio, 2009

One year of marriage, plenty years of love

Pensaba titular este post "One year of love" por la canción de Queen (ver video abajo), pero me dí cuenta que en realidad ese título no correspondía a la realidad sino que la subestimaba. Hoy cumplo mi primer aniversario de casados con mi esposa Emilia y estoy orgulloso de haber tomado la decisión de casarme y más orgulloso y feliz de saber y recordar que no es nuestro primer año juntos, sino que ya llevamos 9 (sí, nueve!) años como pareja. No es necesario decir que a mi Emilia le dedico este bello tema de Queen y que espero que esta felicidad continue!

11 junio, 2009

Nueva expo de pinturas en acuarela!


Estimados amigos lectores, les tengo el agrado de anunciar que ayer finalmente se inaguró en el bar del barrio de San Telmo, Ciudad de Buenos Aires "Rosa de los vientos" (Defensa 1373, casi esquina Avenida Juan de Garay) una exposición de obras pictoricas realizadas en acuarela, de las cuales varias son de mi autoría y el resto de es de autoría de mi compañera de taller de acuarela Paula Rodriguez. Invito a todos a pasar por el mencionado bar y disfrutar de la combinación de buena gastronomía, bebidas y maravillosas (perdón por la falta de humildad) obras de arte.

02 junio, 2009

"Piezas de telaraña" - Capítulo final

28 de Julio, aniversario de la llegada de mi tatarabuelo galés a la costas de la Patagonia. A la noche, corto torta negra, la pongo en un plato, voy al living y me pongo a ver un western. Todo me parecía tan ridículo.
- ... Deja esa estúpida sonrisa y reza tu última plegaria, Joe." -dije.
Por fin le había encontrado, estaba frente al bar hablando con otro tipo que yo no conocía. Al verme este desapareció dentro del local y la calle del viejo pueblo del oeste quedó vacía.
- Hoy es tu día final; he esperado mucho este momento."- dije mientras le apuntaba con una pistola de juguete.
-Sabes, es gracioso, por fin se me ha dado. He atravesado desiertos llenos de angustia con solo un horizonte infinito e inalcanzable a la vista, y con solo el odio en mis pensamientos. No pienses que odiarte fue fácil. Me costo casi el pellejo y sentir todos los sufrimientos del desierto. La sed repugnante y el hambre que me hacía comer el paisaje con la vista. No creas que fue fácil. Pero el mismo odio me ayudó. Había motivo para odiarte: tú eras mejor que yo, mejor en todo y que todos, y eso era ya suficiente. Yo teniendo que esforzarme para lograr mis objetivos y tú siempre con suerte y facilidad lo hacías. Ahora me las vas a pagar a todas. - dije, mientras cargaba mi revolver.
El revolver era de juguete pero las balas eran de plata con pólvora en su interior y con punta de plomo. Amartillé el percutor y luego seguí diciéndole:
-Pero, Joe, tienes una oportunidad, no de escaparte corriendo sino de salvarte mediante la confesión.
Mi mano temblaba, pero mis ojos estaban abiertos y mi mirada estaba fija; sin embargo todavía no lo dejé hablar.
-Muerte, tu muerte es lo que quiero; de todas formas, que importa, todos morimos algún día.- dije, mientras miraba que el caño del revolver presentaba ahora un inesperado brillo metálico impropio de él.
Entonces adquirí conciencia de que algo fuera de lo habitual estaba sucediendo, pero enseguida volví a hablarle a Joe que me miraba ceñudo, algo extrañado. Yo estaba tardando demasiado en matarle y él se había puesto a mirar a los costados en búsqueda de un lugar para escaparse. Le dije:
-No mires a tu alrededor, Joe, no hay lugar para escaparse, además estoy muy atento a lo que haces.
Y como insinuación acaricié con la mano derecha el gatillo y las cachas, y con la mano izquierda el caño del revolver que ahora lo sentía de frío metal, al igual que el gatillo, y al tacto las cachas parecían a ahora de marfil. En ese momento Joe intentó moverse y yo nerviosísimo le disparé al pecho. El disparó salió, cosa inesperada, se escuchó y hubo olor a pólvora; un espejo se rompió, en el último momento reflejaba una persona con el pecho ensangrentado, esa fue mi última visión y en ese instante, dejé‚ de vivir.
Cecilia entró corriendo a mi living. Al verme con los ojos cerrados pero con la sonrisa floreciendo en la cara, exclamó:
-Noooooo…. así no era tarado.
Se alejó llorando.